Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL. Segunda Temporada de Conciertos 2014. Programa VII

Jun 24, 2014 Comentarios desactivados en Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL. Segunda Temporada de Conciertos 2014. Programa VII by

Orquesta Sinfónica de la UANL

Segunda Temporada | Conciertos 2014

Programa VII

– Jueves 26 de junio –

Teatro Universitario – 20:00 horas

Marcha Pompa y circunstancia no. 4                                                                                 Elgar

 

Concierto para violín                                                                                              Tchaikovsky

 

Allegro moderato

Canzonetta

Finale: Allegro vivacissimo

 

INTERMEDIO

 

Sinfonía no. 2                                                                                                                 Brahms

 

Allegro non troppo

Adagio non troppo

Allegretto grazioso quasi andantino

Allegro con spirito

 

Jesús Medina, director artístico

Antal Zalai, violín.

Artistas de esta semana

 

[] Jesús Medina, director artístico de la OSUANL

Director de orquesta regiomontano. Se ha presentado en países de América, Europa y Asia. Es director artístico de la OSUANL desde enero de 2010. Fue director artístico de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes [2002-2010], así como de la Filarmónica de la UNAM,  la Filarmónica de Querétaro y de la misma OSUANL en el período 1986-1989. Realizó sus estudios de dirección en The Pierre Monteux School en los Estados Unidos, bajo la guía de Charles Bruck.

 

[] Solista: Antal Zalai [Hungría], violín

Inició su carrera como niño prodigio y, actualmente, está considerado entre los más destacados intérpretes jóvenes del violín. Ganador de concursos en Rusia, Italia, Estados Unidos y otros países, es un digno representante de la tradición establecida por los grandes violinistas del Siglo XX. Ha presentado su amplio repertorio en prestigiadas salas como el Carnegie Hall de Nueva York. Actúa frecuentemente con la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra.

 

 

Compositores y obras del Programa VII

 

[] EDWARD ELGAR  [1857-1934] | Marcha Pompa y circunstancia No. 4

El compositor inglésafirmó que sus marchas Pompa y circunstancia eran música para inspirar, melodías para plantarse firmemente frente a los ejércitos y animarlos a la batalla. La popularidad de estas marchas es prueba evidente de que cumplieron su cometido, al menos mientras Inglaterra era todavía un gran imperio. Hoy, estas marchas pomposas y solemnes son al menos un buen recuerdo de aquellas pasadas glorias imperiales.

 

[] PIOTR ILYICH TCHAIKOVSKI [1840-1893] | Concierto para violín y orquesta

Es uno de los tres conciertos para violín más populares de todos los tiempos. Una de las obras más aplaudidas en las salas del mundo. El compositor ruso creó este concierto durante la primavera de 1878, durante su estancia en Suiza en compañía de Joseph Kotek, un notable violinista ruso que ayudó al compositor con la parte solista, haciendo indicaciones de técnica, arcadas y otros detalles.

 

[] JOHANNES BRAHMS [1833-1897] | Sinfonía No. 2

El compositor alemán ocupó cerca de 20 años de trabajo en su Primera sinfonía. Aparentemente, el hecho de haber terminado la primera le facilitó a Brahms la composición de la segunda, cuya elaboración le llevó sólo unos cuantos meses. La aparición de esta obra tomó por sorpresa a todos aquellos que conocían la música de Brahms, sobre todo a quienes habían escuchado su oscura Primera sinfonía. En contraste con ésta, la Segunda sinfonía resultó una especie de idilio musical, transparente, tranquilo, y ciertamente más accesible que su antecesora.

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Jesús Medina, director artístico de la OSUANL | El público y las orquestas de varios países del mundo han sido testigos de la carrera de este talentoso director mexicano.

A partir de enero de 2010, es el nuevo Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de la UANL, en Monterrey, N.L.; además, es fundador y Director Artístico de Milenium Sinfonietta desde septiembre de 2008 hasta la fecha. De junio del 2002 a diciembre de 2010 fue Director Artístico de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ha sido Director de otras importantes instituciones musicales, como la Filarmónica de la UNAM,  la Filarmónica de Querétaro y de la misma OSUANL, en el período 1986-89.

Se ha presentado en Singapur, Turquía, Francia, España, Italia, Portugal, Polonia, Suiza, Hungría, República Checa, Serbia, Montenegro, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Venezuela y Centroamérica. Futuros conciertos incluyen presentaciones en Italia, Ucrania, España, Montenegro, República Checa, Estados Unidos y Brasil.

Itzhak Perlman, Joaquín Achúcarro, Alexander Markov, Angel Romero, Horacio Gutiérrez, Elmar Oliveira, Jens Lindemann, Pierre Amoyal, Nathaniel Rosen, Mark Peskanov, Konstanty Kulka, Gyorgy Sandor, Pascal Devoyon, Fernando de la Mora, Trío Schubert de Viena, Nikita Storoyev, son algunos de los más importantes solistas que han actuado bajo su batuta.

Su gran versatilidad lo ha llevado a dirigir además de música sinfónica, música de cámara, ópera y ballet. Ha dirigido las óperas Lucia de Lamermoor de Donizzetti, La Italiana en Argel y La Cenicienta de Rossini en el Palacio de Bellas Artes y también ha sido director concertador de un gran número de ballets con la Compañía Nacional de Danza, como Carmen, Carmina Burana, Oneguin, Romeo y Julieta, Don Quijote, Raymonda, Coppelia, Giselle, La Bayadera y El Cascanueces, y zarzuelas como La Revoltosa.

Ha participado en los principales festivales de México, como el Festival Cervantino, el Festival Internacional de Tamaulipas, el Festival del Centro Histórico de la Cd. de México, el Festival de Sinaloa, el Foro de Música Nueva, el Festival de Orquestas de la Sala Nezahualcóyotl, el Festival Internacional de Arpas, etc.

Ha estrenado muchas obras de compositores mexicanos, como Angulo, Córdoba, Toussaint, Márquez, y varios estrenos nacionales como el Dies Irae de Penderecki y el Beatus Vir de Gorecki.

En 1991, la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música, le otorgó su reconocimiento por ser el mejor Director del Año, y en 2004, recibió el premio ‘GAVIOTA’, de la Asociación Latinoamericana de Cronistas.

Realizó sus estudios de dirección de orquesta en The Pierre Monteux School en los Estados Unidos, bajo la guía de Charles Bruck.                  | www.chuymedina.com | Facebook: Jesús Medina Director

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Antal Zalai, violín | En una época donde -según declaraciones del célebre violinista letón Gidon Kremer- “la palabra ‘intérprete’ está devaluada porque confunde el glamour y el atractivo físico de las llamadas ‘estrellas’ con su características más relevantes, por encima del talento genuino y la creatividad”, Antal Zalai se distingue como único entre los actuales intérpretes jóvenes del violín. En cada nota que toca, destaca como un firme creyente de la tradición establecida por los grandes violinistas del Siglo XX. El violinista ucraniano Ígor Óistraj lo definió como un intérprete “excepcional de técnica perfecta, hermoso tono, fineza musical, madurez y noble personalidad”.

Su musicalidad reflexiva y dominio técnico consumado fueron aclamados por algunos de los mejores músicos del mundo como Lord Yehudi Menuhin, Isaac Stern, Pinchas Zukerman, Shlomo Mintz, Fabio Luisi, Erick Friedman y Tibor Varga. El público del mundo también lo ha elogiado, colocándolo entre los diez grandes violinistas de nuestro tiempo según una encuesta aplicada recientemente en internet.

A través del canal televisivo RTBF de Bélgica, el reconocido violinista gitano Roby Lakatos analizó la similitud entre Antal Zalai y el gran David Óistraj [1908-1974], artistas a quienes comparó por su impecable gracia musical. Hasta ahora, el solista húngaro ha ganado más de quince premios internacionales de violín donde destacan el Queen Elisabeth [Bélgica], Indianápolis [Estados Unidos], George Enescu [Rumania], Paganini de Moscú [Rusia], Sion-Valais [Suiza], Henryk Szeryng [México] y Rodolfo Lipizer [Italia].

Inició su formación musical en Budapest con László Dénes, uno de los más prestigiosos pedagogos húngaros del violín, cuyas publicaciones sobre metodología fueron elogiados por Yehudi Menuhin y otros expertos. También estudió con Péter Komlos, primer violinista del Cuarteto Bartók; Pinchas Zukerman, en la Escuela de Música de Manhattan y Kati Sebestyén en el Conservatorio Real de Bruselas, donde obtuvo los premios ‘Darche’ y ‘Lecrinier’ después de graduarse.

Antal Zalai fue reconocido como niño prodigio: a los once años tocó el Concierto para violín en La Mayor de Mozart con la Orquesta de Cámara Franz Liszt. A los doce participó en el Concierto de Gala de la UNESCO celebrado en París, donde compartió el escenario con la estrella de cine Monica Bellucci y con el presentador de televisión italiano Mike Bongiorno. A los quince tocó el Concierto para violín no. 1 de Béla Bartók, durante el Concierto Homenaje por los 80 años del violinista Lord Yehudi Menuhin [1916-1999].

Después de tocar en el recital homenaje al violinista, director y compositor húngaro Leopold Auer junto a la St. Petersburg Academic Philharmonia, fue invitado por el Príncipe Carlos al Palacio Kensington de Londres para ser beneficiario de la Beca Fundación Sir George Solti. El Museo Chi Mei de Taiwán le permitió tocar un violín Stradivarius de su colección, construido en 1722 y que fuera propiedad del artista ucraniano Mischa Elman.

Recientemente debutó en la Sala Filarmónica de Berlín, presentándose con la Deutsches Symphonie Orchester dirigida por Ludovic Morlot. También debutó en el Musikverein de Viena, junto a la Wiener Symphoniker en un concierto de gala dirigido por Fabio Luisi y transmitido por las televisoras ORF2 y 3SAT. También ha trabajado junto a los directores Paavo Jarvi, Yoel Levi, Lawrence Foster, Gilbert Varga, Zoltan Kocsis, Shlomo Mintz, Enrique Bátiz, Yip Wing-sie, Laurent Petitgirard, Mykola Dyadyura y Gábor Takács-Nagy , entre otros.

Antal Zalai actúa regularmente junto a la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra, Irish Chamber Orchestra, Indianapolis Symphony Orchestra, Hong Kong Sinfonietta, Orquesta Nacional de Bélgica, Orquesta Real de Cámara de Valonia, Orchestre National d’Ile-de-France, Orquesta Filarmónica de Monte Carlo, Orquesta Sinfónica Estatal de Moscú, Orquesta Sinfónica Tchaikovsky de la Radio de Moscú, Orquesta Sinfónica Nacional de Lituania, Filarmónica Nacional de Ucrania, Prague Philharmonia, Orquesta Filarmónica de Budapest, Filarmónica Nacional de Hungría y la Orquesta Sinfónica del Estado de México.

Ha presentado 25 conciertos cuyo repertorio incluye desde Bach y Vivaldi, hasta Nielsen, Khachaturian y Bartók. En 2007 el compositor noruego Filip Sande le dedicó su Concierto para violín Op. 69. Se ha presentado en prestigiadas salas como el Carnegie Hall y el Weill Recital Hall de Nueva York, Kennedy Center Terrace Theater de Washington, la Gran Sala del Conservatorio de Moscú, Victoria Hall de Ginebra, Sala de Conciertos del Conservatorio Real de Bruselas y Centro Chan para las Artes Escénicas de Vancouver.

También ha participado en el Festival Internacional de Música de Estambul, Festival George Enescu, Festival David Óistraj de Estonia, Festival Al Bustan de Líbano, Festival de Primavera en Budapest, Festival de Otoño en Sarajevo, Festival Cultural de Mayo en México, Fiesta de la Primavera en Rusia y el Festival Virtuosos del Planeta en Kiev. También actuó en los Conciertos Orquestales de Naumburgo, celebrados en el Central Park de Nueva York.

Fue elogiado desde el lanzamiento de su primer álbum como solista en BMC Records, recibiendo una calificación de 10 por parte de la publicación Classics Today, así como los comentarios positivos de BBC Music Magazine, Gramophone y Diverdi. Su álbum tributo a Leopold Auer, producido por la compañía Hungaroton Classic, fue descrito así por la Fanfare Magazine: “A veces Zalai juega con el aplomo aristocrático de Milstein, ofreciendo un brillo tonal sin igual. De vez en cuando es más ecléctico: su lectura de la melodía hebrea combina la belleza tonal de Elman, la intensidad de Heifetz y el sonido puro de Grumiaux”.

En 2010 grabó un disco para el sello Brilliant Classics, el cual incluye sonatas para violín de George Enescu y el acompañamiento del pianista József Balog, con quien ha tocado desde los ocho años de edad. Su más reciente grabación es una colección de tres discos compactos, también lanzado por Brilliant Classics, la cual incluye las obras completas de Béla Bartók para violín y piano.

Antal Zalai toca un violín Stradivarius fabricado en 1733, el cual perteneció al destacado violinista húngaro Gyorgy Garay [1909-1988].

 

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Notas a las obras | Por: Juan Arturo Brennan, crítico musical

 

EDWARD ELGAR  (1857-1934)

Marcha Pompa y circunstancia, Op. 39 No. 4 en sol mayor

En el catálogo de obras de Sir Edward Elgar, las cinco marchas conocidas colectivamente como Pompa y circunstancia ocupan un lugar destacado en la preferencia del público y son, junto con las Variaciones Enigma y el Concierto para violoncello, su música orquestal más frecuentemente interpretada. Si en principio se antoja extraño que Elgar haya compuesto cinco marchas bajo el mismo rubro, una revisión de su catálogo permite aclarar un poco el panorama y muestra que el compositor tenía una filiación militar (o quizá sólo marcial) muy clara en su pensamiento musical. En su juventud temprana, Elgar compuso una breve marcha que permaneció sin ser publicada; más adelante en su catálogo se encuentra toda esta música a ritmo de marcha:

 

–          Marcha imperial, 1897

–          Marcha festiva, 1898

–          Marcha fúnebre, 1902

–          Marcha triunfal, 1905

–          Marcha de la coronación, 1911

–          Marcha Imperio, 1924

 

Como puede verse en esta lista, el buen Elgar compuso marchas muy útiles para diversos fines prácticos. Con tanta música marcial en su producción, podría pensarse que el compositor inglés fue un hombre de armas, belicoso o asociado de cerca con las jerarquías militares. Sin embargo, no fue así; Elgar dedicó su vida al violín, al órgano, al fagot, al estudio de partituras y a la composición, así como a la enseñanza en diversas instituciones de educación musical. Es probable que la asociación más cercana de Elgar con lo militar se haya dado en su matrimonio, y no necesariamente porque su esposa haya tenido el carácter de un sargento. En 1889, el compositor se casó con Caroline Roberts, hija de un mayor del ejército británico y, según dicen, mujer de muy fuerte y enérgica personalidad. Por otra parte, durante la Primera Guerra Mundial el compositor escribió algunas obras de carácter patriótico, ninguna de las cuales llegó a ser realmente  trascendente.

Es evidente que a Elgar le atrajo particularmente la idea de escribir marchas festivas y solemnes sobre un mismo tema, ya que no sólo escribió cinco marchas Pompa y circunstancia, sino que espació su creación a lo largo  de casi treinta años. Las fechas de composición de las cinco marchas de la serie son, respectivamente, 1901, 1901, 1904, 1907 y 1930. Nótese que entre la cuarta y la quinta marcha de la serie pasaron más de 20 años, lo cual explica la razón por la cual la última de ellas tiene menos de la solemnidad de las cuatro primeras y, en cambio, un poco más de humor y ligereza de espíritu. De manera general, las cinco marchas de la serie Pompa y circunstancia están inspiradas en tres fuentes primordiales: la grandilocuencia de la música de Giacomo Meyerbeer (1791-1864), la fuerza expresiva de la música de Giuseppe Verdi (1813-1901) y el impacto del ceremonial cortesano-militar inglés. Y si bien se trata de marchas festivas y brillantes, al escucharlas con atención es posible descubrir en ellas algo oscuro y melancólico, como un subtexto del brillo celebratorio.

En el año de 1923, Henry Brenner publicó un curioso libro titulado Messages of music (‘Mensajes de la música’), en el que propone diversas historias para acompañar a un buen número de famosas obras musicales, y otras no tan famosas. Entre las partituras inglesas elegidas por Brenner para su peculiar glosa narrativa se encuentran las marchas Pompa y circunstancia, para las que el autor eligió una evocativa descripción de la brillante ceremonia de coronación de un anónimo rey inglés. En su ficción literario-musical, Brenner apunta que la ceremonia es acompañada por la solemne música de un compositor que está presente en la festividad y que su obra es interpretada por una banda formada por cientos de músicos. El corolario de la pequeña historia de Brenner sobre las marchas Pompa y circunstancia indica que el rey queda tan complacido con la música de su coronación que procede a armar caballero al ilustre compositor. En la vida real, el compositor fue armado caballero en 1904 por el rey Eduardo VII, en reconocimiento a su música y a los servicios prestados a la corona inglesa y a partir de entonces fue conocido como Sir Edward Elgar. Para más detalles, puede mencionarse el hecho de que una de las melodías de la primera marcha Pompa y circunstancia fue utilizada en las ceremonias de coronación de Eduardo VII, ocasión en la que fue cantada con un texto patriótico titulado Tierra de esperanza y gloria. En el año de 1902, esta misma marcha fue arreglada para órgano por Edwin Lemare.

Respecto a la intención de esta música marcial, que es bastante clara en sí misma, Elgar afirmó que sus marchas Pompa y circunstancia eran música para inspirar, melodías para plantarse firmemente frente a los ejércitos y animarlos a la batalla. La popularidad de estas marchas es prueba evidente de que cumplieron su cometido, al menos mientras Inglaterra era todavía un gran imperio. Hoy, estas marchas pomposas y solemnes son al menos un buen  recuerdo de aquellas pasadas glorias imperiales. Por cierto, algunos puristas de la lengua han traducido el título original de estas marchas, Pomp and circumstance, como Pompa y ceremonia o como Pompa y aparato, lo cual no es del todo descabellado, dadas las sutilezas idiomáticas involucradas.

 

PIOTR ILYICH CHAIKOVSKI (1840-1893)

Concierto para violín y orquesta en re mayor, Op. 35

Un catálogo discográfico más o menos actualizado nos informa que existen alrededor de 30 grabaciones disponibles del Concierto para violín de Chaikovski, y que en casi la tercera parte de los discos que lo contienen, esta obra va acompañada por el Concierto para violín en mi menor de Félix Mendelssohn (1809-1847). Según quienes saben de estas cosas, estos discos cubren las dos terceras partes de lo que es considerado como lo más popular y lo más famoso del repertorio concertante del violín. La otra tercera parte está cubierta por el Concierto para violín de Ludwig van Beethoven (1770-1827), y a estas alturas de la historia de la música nadie pone en duda el hecho de que estos tres conciertos para violín son, en efecto, lo más popular del género. (Hay quienes afirman que el Concierto para violín de Johannes Brahms (1833-1987) debería formar parte del selecto grupo, aunque en realidad no atrae a las multitudes tanto como los conciertos de Beethoven, Chaikovski y Mendelssohn). Este hecho no deja de ser interesante, y quizá consternante para los espíritus de algunos otros compositores. No es difícil imaginarse a Antonio Vivaldi (1678-1741), a Pietro Locatelli (1695-1764), a Niccoló Paganini (1782-1840), a Henryk Wieniawski (1835-1880), a Henri Vieuxtemps (1820-1881),  Jean Sibelius (1865-1957) entre otros, dando agitadas vueltas en sus respectivas tumbas al saber de este estado de cosas. Y quizá se revolcarían con razón. Además de que estos caballeros compusieron cada uno de ellos varios conciertos para violín, compartieron una característica que fue ajena tanto a Chaikovski como a Mendelssohn y a Beethoven: todos ellos fueron reconocidos virtuosos del violín, a pesar de lo cual sus conciertos para violín no tienen, ni remotamente, la fama y la popularidad de los tres conciertos mencionados.

En particular, puede decirse que, como suele ocurrir con frecuencia, el Concierto para violín de Chaikovski no fue tan popular en su estreno, puesto que recibió algunas críticas poco amables. El concierto fue estrenado por el violinista Adolph Brodski en Viena, el 4 de diciembre de 1881, con Hans Richter dirigiendo a la Filarmónica de Viena. Al día siguiente, en el periódico vienés Neue Freie Presse apareció la crítica del estreno, a cargo de la ácida pluma de Eduard Hanslick, el más conocido y más feroz de los críticos de Viena. Decía Hanslick:

 

De seguro, el compositor ruso Chaikovski no es un talento ordinario, sino un talento inflado, con una obsesión de genio que no conoce el gusto ni la discriminación. Así mismo es su largo y pretensioso Concierto para violín. Por un rato, se mueve musicalmente, con sobriedad, y con cierto espíritu. Pero pronto la vulgaridad se hace presente y domina hasta el final del primer movimiento. El violín ya no es tocado: es jalado, roto, golpeado. El segundo movimiento de nuevo se porta bien, para pacificarnos y ganar nuestra buena voluntad. Pero pronto se termina para dar paso a un final que nos transporta a la brutal y confusa alegría de una fiesta rusa. Vemos claramente los rostros salvajemente vulgares, oímos maldiciones, olemos el vodka. Friedrich Vischer observó alguna vez, hablando de pinturas obscenas, que apestan a la vista. El Concierto para violín de Chaikovski nos da por primera vez la horrorosa noción de que puede haber música que apesta al oído.

 

Es muy probable que esta crítica, como muchas otras dedicadas por Hanslick y sus colegas a la música rusa, haya estado influida más por prejuicios raciales y regionales que por el auténtico análisis musical. Como ejemplo de ello puede citarse otra crítica vienesa, aparecida en otro periódico, el mismo día que la de Hanslick. Esta observación se debe a Theodor Helm:

 

El Concierto para violín de Chaikovski es una acumulación de discordancias, clímaxes confusos y trivialidades disfrazadas, cubiertas con la bandera nacional del más bárbaro nihilismo ruso.

 

Es evidente, por la coincidencia de conceptos que hay en estas dos críticas, que cualquier cosa que sonara a música rusa era abominable para los civilizados críticos vieneses, no por abominable, sino precisamente por rusa.

Chaikovski compuso este concierto durante la primavera de 1878, durante su estancia en Suiza en compañía de Joseph Kotek, un notable violinista ruso que ayudó al compositor con la parte solista, haciendo indicaciones de técnica, arcadas y otros detalles. La obra, desde que fue terminada, corrió con mala suerte a manos de varios instrumentistas. Para empezar, Kotek rehusó estrenar el concierto, por lo que Chaikovski dedicó la obra a Leopold Auer. A su vez, Auer declaró después de estudiar la partitura que el concierto era poco violinístico y que no se podía tocar. Acto seguido, Chaikovski se aproximó al violinista francés Emil Sauret, quien también rechazó su Concierto para violín. Finalmente, Adolph Brodski se comprometió a estrenar la obra, pero lo hizo a regañadientes, haciéndole saber a Chaikovski que él mismo no apreciaba mucho la obra. El paso del tiempo, como de costumbre, le dio la razón a Chaikovski. El violinista Brodski se hizo famoso tocando esta obra y Leopold Auer decidió finalmente que el concierto sí se podía tocar; lo hizo en repetidas ocasiones, con gran éxito de público. Parece que sólo Eduard Hanslick se mantuvo firme hasta el final en su poco generosa crítica hacia éste, uno de los conciertos para violín de mayor fama y prestigio en la historia de la música.

 

JOHANNES BRAHMS (1833-1897) | Sinfonía No. 2 en re mayor, Op. 73

Todo lo que la música de Johannes Brahms tiene de contenida, compacta y equilibrada, la música de Gustav Mahler (1860-1911) lo tiene de efervescente, iconoclasta y extrovertida. Por estas y otras razones, quizá sea difícil encontrar muchos puntos de contacto entre la música de ambos, pero hay al menos un dato anecdótico que puede dar origen a una interesante conexión Brahms-Mahler: ambos eran afectos a retirarse del mundanal ruido durante el verano, para dedicarse a la composición en medio del reino de la naturaleza, de preferencia a las orillas de un lago. Las enormes diferencias entre las obras de ambos no hacen más que confirmar el diverso efecto que la naturaleza puede producir en almas tan distintas.

Fue siguiendo este impulso veraniego que Brahms dejó la ciudad para irse a Pörtschach, en Carintia, a orillas del lago Wörth, en el año de 1877, para componer su Segunda sinfonía. Al parecer, se trataba simplemente de abordar la creación de otra obra más, pero el hecho tenía para Brahms un significado muy especial. Oprimido excesivamente por el fantasma de Ludwig van Beethoven (1770-1827) que se le aparecía en la forma de la Novena sinfonía, Brahms había dudado muchos años antes de abordar la forma sinfónica. Cuando finalmente lo hizo, ocupó cerca de 20 años de trabajo en su Primera sinfonía, obra a la que algunos exagerados llegaron a designar como la “décima de Beethoven”. Aparentemente, el hecho de haber terminado la primera le facilitó a Brahms la composición de la segunda, cuya elaboración le llevó sólo unos cuantos meses. La aparición de esta obra tomó por sorpresa a todos aquellos que conocían la música de Brahms, sobre todo a quienes habían escuchado su oscura Primera sinfonía. En contraste con ésta, la Segunda sinfonía resultó una especie de idilio musical, transparente, tranquilo, y ciertamente más accesible que su antecesora. El mismo Brahms describió su Segunda sinfonía en estos términos:

 

Sonaba tan alegre y tierna que parecía haber sido escrita especialmente para una pareja de recién casados.

 

Esta frase demuestra que incluso el austero Brahms era propenso a caer inesperadamente en lo cursi. La Segunda sinfonía fue estrenada en Viena en diciembre de 1877, bajo la dirección de Hans Richter, y tuvo una buena recepción por parte del público y la crítica, aunque no unánime. Esta obra ayudó a confirmar, entre otras cosas, los extremos a los que llega la crítica musical en sus momentos de mayor desorientación. Aquellos que habían calificado a la Primera sinfonía de Brahms como música matemática, rígida e impenetrable, ahora decían que la Segunda sinfonía era débil, blanda e indefinida. Un aparente justo medio en el análisis de esta obra fue logrado por el crítico vienés Eduard Hanslick:

 

El carácter de esta sinfonía puede ser descrito brevemente como pacífico, tierno, pero no afeminado. El primer movimiento tiene algo del carácter de una serenata, con el tema suave y crepuscular del corno. El movimiento nos sumerge en una clara ola de melodía en la que descansamos, refrescados por las reminiscencias mendelssohnianas. El final de este movimiento concluye con una nueva belleza melódica. El Adagio es amplio y cantable y el Scherzo es íntegramente delicioso. El final es siempre agradable y sincero, y apartado de los tormentosos finales de la escuela moderna. La sangre de Mozart fluye por sus venas.

 

Con el objeto de mantener la perspectiva histórica de la crítica, vale la pena recordar que Hanslick tuvo como pasatiempo favorito durante muchos años el alabar incondicionalmente la música de Brahms y simultáneamente, atacar por principio la música de Anton Bruckner (1824-1896) y de Richard Wagner (1813-1883), en lo que fue una de las polémicas musicales más notorias del siglo XIX. Evidentemente, este asunto no quedó ahí: Hugo Wolf (1860-1903), partidario de Bruckner y su música, censuró duramente a Brahms, y lo mismo hizo Piotr Ilyich Chaikovski (1840-1893), quien llegó a llamar rufián, bastardo, mediocre, caótico y vacío a Brahms. Al margen de esta querella de críticos no tan críticos, la Segunda sinfonía de Brahms gozó de una buena fortuna desde su estreno. Poco después de su primera audición en Viena, la obra fue interpretada en Leipzig, en Düsseldorf, y en Hamburgo bajo la dirección de Brahms mismo. Y en aquellos tiempos en que las comunicaciones no eran tan veloces, la sinfonía llegó a Londres y a Nueva York apenas un año después de su estreno. Y justamente un año más tarde, en el verano de 1878, Brahms regresó a Pörtschach. Con el recuerdo aún reciente de su Segunda sinfonía, a la que alguien puso el sobrenombre de Pastoral, Brahms le escribió a Hanslick (quien por razones evidentes era buen amigo suyo) una carta en la que le decía:

 

Hay tantas melodías sueltas por aquí que hay que tener cuidado para no pisarlas.

 

Al parecer, Brahms se cuidó tanto de no pisar esas melodías que en sus dos últimas sinfonías, particularmente en la cuarta, volvió al estilo de la Primera sinfonía, dejando a un lado el elemento bucólico que los analistas han detectado en la Segunda sinfonía. Diez veranos más tarde, a la orilla de otro lago, Mahler habría de iniciar su propio trayecto sinfónico, su propio contacto con la naturaleza y la música.

 

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Localidades: $160 y $140 | Descuentos para estudiantes, maestros e INAPAM: $100

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Comentarios previos al concierto:  19:30 horas

Vestíbulo del Teatro Universitario | Por: Ricardo Marcos, crítico musical

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Informes y boletos: 83497621 y 22 | info@osuanl.com | www.osuanl.com | Facebook

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OSUANL en vivo por televisión: jueves, 20:30 horas | Canal 53 TV UANL

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‘Nuestra Orquesta’ en radio: miércoles: 16:30 a 18:00 horas | Opus 102 FM

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DATOS:

Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL

Segunda Temporada de Conciertos 2014

Programa VII

Jesús Medina, director artístico.

Antal Zalai, violín.

Obras: Marcha Pompa y circunstancia no. 4, de Elgar; Concierto para violín, de Tchaikovsky; y Sinfonía no. 2, de Brahms. 

Jueves 26 de junio del 2014

Hora: 20:00 horas

Lugar: Teatro Universitario 

Costo: Planta baja: $ 160/Planta alta: $ 140

Descuentos para INAPAM y estudiantes: $100 (sólo planta alta)

Boletos: http://boleticket.com/ y en las taquillas del Teatro Universitario (una hora antes de la función)

Dirección: Praga y Trieste s/n. Colonia Residencial Las Torres. Campus Mederos UANL. Monterrey, Nuevo León.

Informes: 11000 330

Eventos, Teatro Universitario UANL

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