Festival Alfonsino 2012. Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL, 31 de mayo

May 30, 2012 Comentarios desactivados en Festival Alfonsino 2012. Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL, 31 de mayo by

La Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, bajo la batuta del director huésped José Luis Castillo, ofrece un concierto, dentro del marco del Festival Alfonsino 2012, en el que se contará con la participación de la pianista Guadalupe Parrondo. La orquesta de la Máxima Casa de Estudios interpretará la Obertura “Colorines”, de Revueltas, Concierto para piano, de Ponce, Iberia, de Debussy, y Rapsodia Española, de Ravel.

 

 

Segunda Temporada

                     Conciertos 2012

 

Jueves 31 de mayo / Teatro Universitario / 19:30 horas

PROGRAMA III

 

Obertura ‘Colorines’                                                                                              Revueltas

 

Moderato

Lento semplice

Allegro

 

Concierto romántico para piano y orquesta                                                             Ponce

 

Allegro non troppo

Andante espressivo

Vivo

 

INTERMEDIO

 

Iberia                                                                                                                          Debussy

 

Por las sendas y los caminos

Los aromas de la noche

Mañana de un día de fiesta

 

Rapsodia española                                                                                                       Ravel

 

Preludio a la noche

Malagueña

Habanera

Feria

 

Director huésped: José Luis Castillo

Solista: Guadalupe Parrondo, piano

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José Luis Castillo, director huésped / José Luis Castillo, director artístico de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, es uno de los directores y compositores más destacados y activos en el panorama musical actual. Afincado en México desde 1997 nació en Valencia (España) donde inició los estudios de composición, análisis y dirección de orquesta para continuarlos en Salzburgo, Luxemburgo y París con Alexander Müllenbach.

Su doble faceta de director y compositor le ha permitido ser considerado como uno de los especialistas en el repertorio de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días; Castillo ha dirigido el estreno mundial de más de un centenar de obras además de las primeras audiciones en Latinoamérica de algunos de los principales compositores de finales del s.XX (Andriessen, Donatoni, Francesconi, Gervasoni, Halffter, Manoury, Murail, Nishimura, Pesson, Rihm, Trojan o Zimmermann, entre otros)

Director musical de la Camerata de las Américas desde 2001, ha dirigido en Austria, Alemania, Argentina, Canadá, España, Estados Unidos, Italia, Japón, Lituania, México y parte de Latinoamérica. Fue director titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato. En las orquestas y festivales con los que habitualmente colabora es frecuentemente requerido para realizar espectáculos multimedia, ballet, espectáculos infantiles y películas silentes con acompañamiento orquestal en vivo. Como director de ópera ha dirigido desde Scarlatti hasta Sciarrino, pasando por Mozart, Donizetti, Verdi, Puccini, de Falla o Dallapiccola.

De los solistas con los que ha colaborado cabe mencionar a András Adorján, Thomas Indermühle, Walter Boeykens, Christian Lindberg, Cyprien Katsaris, el Trío Altenberg, Kroumata ensemble, J. Federico Osorio, Alexei Volodin, June Anderson, Verónica Villarroel, Ramón Vargas o Dimitri Hvorostovsky, entre otros.

Como compositor, sus obras han sido interpretadas en prestigiosos festivales y foros de música contemporánea en Alemania, Australia, Austria, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Japón, México, Perú, Portugal, Taiwán y Uruguay por intérpretes como la Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrüken, la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, Württembergische Kammerorchester, Coro de la Radio de Saarbrüken, Delta Ensemble, Salzburger Stringquartet, Wofgang Meyer o Tambuco Ensamble, entre otros.

En el campo de la educación musical, ha sido director artístico de Instrumenta desde 2005 hasta 2010 y, desde 2008, ocupa la cátedra de composición de la Escuela Superior de Música del INBA. En la actualidad realiza la edición crítica de las obras de Silvestre Revueltas, lo que le ha llevado a incluir en su discografía la obra orquestal inédita de este compositor además de música de vanguardia mexicana.

José Luis Castillo ha recibido premios y distinciones en Italia, Luxemburgo y Holanda y ha sido merecedor, en dos ocasiones, del Premio de la Unión Mexicana de Críticos y Cronistas de Música.

www.joseluiscastillo.com

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Guadalupe Parrondo, piano / Son verdaderamente pocos los artistas en los que se conjugan tantas cualidades artísticas como en el caso de la pianista mexicana Guadalupe Parrondo, quien es un estupendo ejemplo de virtuosismo pianístico en su máxima expresión técnica y musicalmente. Son precisamente estas dotes extraordinarias las que han asegurado siempre la conquista de los públicos heterogéneos, ya que sus interpretaciones trascienden toda barrera de comunicación que esta heterogeneidad pudiera causar.

Durante toda su carrera artística ha sido merecedora de múltiples premios entre los que se cuentan: Tercer Premio en el Concurso “Ciudad de Montevideo” (Uruguay) y la presea “Albert Lévècque” a la mejor interpretación de Bach, el Primer Premio “María Canals” de Barcelona (España) y el Segundo Premio del “Concurso de Ejecución Musical” de Ginebra (Suiza). Asimismo, Guadalupe Parrondo fue ganadora del segundo Concurso “Teresa Carreño” de Caracas, (Venezuela) y laureada en el Concurso Marguerite Long en París Francia.

Guadalupe Parrondo se ha presentado en las más importantes capitales de Europa, América Latina, Rusia y en numerosas ciudades de los Estados Unidos, Japón y Egipto. Su repertorio incluye las principales composiciones para piano solo, de cámara y con orquesta así como obras cumbre del virtuosismo pianístico como el Segundo concierto de Prokofiev y estrenos de obras dedicadas a ella como la Sonata No.6 de Federico Ibarra, la versión pianística de “Marchita el alma” de Zúñiga- Cárdenas, “…otro vals” de Mario Ruiz Armengol, entre otras.

Entre sus grabaciones en disco compacto se cuentan el Concierto de Manuel M. Ponce con la Landesjugenderorchester Rheinland-Pfalz (Orquesta Sinfónica Juvenil del Palatinado Renano, Alemania, 1996) con Sergio Cárdenas al podio; dos más con música de piano solo: el primero con música de Bach, Bartók, Beethoven y Chopin y, el segundo, con obras de Ricardo Castro, Ruiz Armengol, Zúñiga-Cárdenas y otros compositores.

El Concierto de Grieg y Concierto Romántico de Manuel M. Ponce con la Filarmónica de la Ciudad de México, con Fernando Lozano como director.

Concierto de Ponce (versión con Orquesta de Cámara), con la Camerata de la Filarmónica de Querétaro, dirigida por Sergio Cárdenas; El Vals Capricho de Ricardo Castro con la Filarmónica de la Ciudad de México bajo la dirección del Maestro Luis Herrera de la Fuente con quien hizo su debut con orquesta interpretando el Concierto en Re Mayor de Haydn en el año 1955.

Se pueden ver sus video grabaciones de conciertos (en vivo) con diferentes orquestas en: Youtube, Televisa, Canal 11, Canal 22. Escuchar Grabaciones de audio (en vivo) en Radio Educación, Radio UNAM, Op. 94.

Además de sus actividades artísticas de concierto, ha sido invitada como jurado de diversos concursos de piano (París, Caracas, México, etc.), e igualmente para ofrecer clases magistrales en USA, Alemania, Venezuela, Perú y México tanto de repertorio internacional como de música de compositores mexicanos.

Ha trabajado También a lado de Yoshi Oida en la puesta en escena del ciclo de canciones “Winterreise” de Schubert obteniendo gran éxito durante las presentaciones en distintos Festivales como el Forum de Monterrey, San Luis Potosí, Zacatecas y la Ciudad de México. Esta experiencia la motivó a presentar en diferentes escenarios, el “Liebeslieder” de Brahms (Valses para piano y voces mixtas).

 

Algunas distinciones:

– Diploma de la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música – México, D.F. – MÉXICO

– “Águila de Tlatelolco” – Secretaría de Relaciones Exteriores – México, D.F. – MÉXICO

– “Reconocimiento al Talento Artístico” – Club Rotario de Cholula, Puebla – MÉXICO

– En 2002 se hizo acreedora a la “Medalla Mozart” a la excelencia artística, que otorgan el Instituto Cultural Domecq y la Embajada de Austria en México.

 

Algunas críticas:

– “El concierto Emperador que debía cerrar esta velada no hizo más que abrirla realmente, porque esta vez tuvo lugar el maravilloso pacto entre el genio de Beethoven y la pianista.- Guadalupe Parrondo ya forma parte de esos intérpretes internacionales que nos dejan sorprendidos ante su inmenso talento…” – Dôle, FRANCIA

 

– “Es evidente que Guadalupe Parrondo representa un tipo especial de pianista; tiene su propia estética del toque pianístico y de la concepción interpretativa. Dinamismo, ímpetu, temperamento volcánico, extraordinaria amplitud técnica, dieron a su interpretación un nuevo valor”. – Varsovia, POLONIA

 

– “Formidable fue la versión de la ‘Waldstein’… precisa, equilibrada, enérgica, muy bien construida, con despliegues de virtuosismo que respetaban al mismo tiempo el estilo…” – México, D.F., MÉXICO

 

– “Guadalupe Parrondo crece, se estremece, se funde con la música que interpreta… es una artista impresionante, impersonal y absorbente…” – Barcelona, ESPAÑA

 

– “El altamente romántico Concierto para Piano y Orquesta del mexicano Manuel M. Ponce se erigió en el punto central de la velada. La ‘culpa’ la tuvo el virtuosismo y la musicalidad de Guadalupe Parrondo quien demostró en el piano su seguridad interpretativa. La Parrondo fue muy aplaudida por el público, que solo la dejó salir del escenario después de dos ‘encores’ grandiosos…” – Koblenz, ALEMANIA

 

– “Técnica perfectamente dominada, francas sonoridades confiriéndole amplitud y robustez. Sin duda, gran virtuosismo”… – Bruselas, BÉLGICA

 

– “Tocando con extrema seguridad, los contrastes de la Parrondo fueron soberbios… Un momento de arpegios delicados, de octavas descendentes enérgicas y vigorosas… Cada nota era clara y distinta: Una interpretación de virtuoso”… – Philadelphia, USA.

 

“Su sensibilidad, el fervor, y la comprensión de la que ha dado prueba en obras de estéticas tan diferentes… ” – París, FRANCIA

 

La critica especializada de Alemania no escatimó elogios a la pianista mexicana Guadalupe Parrondo: mientras un crítico destaca su virtuosismo y musicalidad, otro reconoce su cultura pianística de hermosas sonoridades y uno más califica su actuación como una verdadera cátedra de pianismo brillante.

Invitada por la Landesjugenderorchester Rheinland Pfalz (Orquesta Sinfónica Juvenil de Alemania), la maestra Parrondo realizó tres conciertos con este conjunto musical del estado alemán del Palatinado Renano los días 6 y 7 de enero de 1996. Los conciertos tuvieron lugar en las ciudades de Germershein, Koblenz y Ludwingshafen.

La pianista llevó a un auditorio europeo, por primera vez, el Concierto para piano y orquesta de Manuel M. Ponce, considerado como una de las más bellas páginas del repertorio pianístico mexicano y mundial porque, finalmente, la obra de Ponce recibió su estreno fuera del continente latinoamericano en estas presentaciones.

Escrito en 1910, el Concierto para Piano de Ponce es una sólida muestra del romanticismo decimonónico en todo su esplendor: requiere del ejecutante una consumada técnica pianística y una gran capacidad expresiva.

Sobre el concierto que la Parrondo tocó en la ciudad de Ludwingshafen, el crítico Thomas Schlage escribió el 10 de enero en el periódico Mannheimer Morgen: “Guadalupe Parrondo tuvo mucho espacio para mostrar su virtuosismo e impresionó sobre todo por su cultura pianística de hermosas sonoridades. El concierto de Ponce lo interpretó con fuerza e introspectiva dulzura”.

Sobre la misma presentación el crítico Gerd Kowa escribió el 10 de enero en el periódico Die Rhein-Pfalz que: “la técnica absolutamente segura de Guadalupe Parrondo le permite una gran paleta dinámica. Su tema, más que el concierto de Ponce, pareció ser el piano como aparato de ejercicios virtuosísticos del alma”.

Koblenz, ALEMANIA

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Notas a las obras / Por: Juan Arturo Brennan, crítico musical

 

SILVESTRE REVUELTAS  (1899-1940) / Colorines

Una de las publicaciones musicales más importantes de los últimos años en México es el libro titulado Silvestre Revueltas: Catálogo de sus obras. Dado a conocer en el verano de 1998, se trata sin duda del estudio más completo y sistemático que se ha hecho hasta la fecha sobre la producción de Revueltas, y su autor es Roberto Kolb, oboísta, promotor, organizador musical  de singular dedicación, quien en los últimos años ha puesto especial atención a la música del compositor de Santiago Papasquiaro. Todo este preámbulo sirve para afirmar que, de ahora en adelante, cualquier aproximación a la música de Revueltas tendrá que pasar forzosamente por este importante documento. Para los efectos de esta nota, resulta que el catálogo mencionado es prácticamente la única fuente de información en la que es posible hallar algunos datos sobre los Colorines de Revueltas. Antes de entrar en la materia propia de esta obra, vale la pena señalar un hecho desconcertante: Colorines es una pieza que a lo largo de los años ha sido cabalmente ignorada, tanto en las salas de concierto como en el ámbito de las grabaciones. En años recientes, el proyecto discográfico revueltiano más ambicioso fue el emprendido por Eduardo Mata (1942-1995), quien grabó prácticamente toda la obra orquestal de Revueltas (con la notable excepción de La noche de los mayas, partitura por la que Mata declaró repetidamente su  muy explicable antipatía), y sin embargo, en ese proyecto no se incluyó Colorines. En la indispensable sección discográfica de su catálogo, Roberto Kolb ofrece la sorprendente información de que en tiempos más o menos remotos existieron dos grabaciones (hoy imposibles de encontrar) de esta obra de Revueltas: una, en un cassette editado en 1961, con la Orquesta de la Biblioteca Pública de Nueva York, y la otra, un viejo disco LP de 1978 con Gennadi Rozhdestvenski dirigiendo a un ensamble de músicos de la Filarmónica de Leningrado. Sólo en fecha muy reciente (otoño de 1998) ha salido al mercado una grabación digital de Colorines, realizada en los Estados Unidos, en un disco compacto que incluye otras dos obras de Revueltas: Itinerarios y La Coronela.

Colorines, designado en algunas fuentes como un poema sinfónico, data del año de 1932, lo que la hace contemporánea de otras obras de Revueltas como Alcancías, las Tres piezas para violín y piano, Parián, El tecolote, Ranas, Troka y el cuarteto de cuerdas titulado Música de feria. En su versión original, cuya partitura está fechada el 26 de mayo de 1932, Colorines plantea una pequeña dotación instrumental que consta de flautín, oboe, clarinete piccolo, clarinete, fagot, corno, trompeta, trombón, percusión, violines primeros, violines segundos y contrabajo. La obra fue estrenada por el propio Revueltas, dirigiendo a miembros de la Orquesta del Conservatorio, en un concierto que tuvo lugar en el Teatro Orientación el 30 de agosto de 1932. En su ardua labor de investigación, Roberto Kolb y sus colaboradores hallaron un programa de mano con un breve párrafo al respecto de Colorines. Si bien el texto no está firmado, parece evidente, tal y como lo señalan los autores del catálogo, que fue escrito por el compositor, ya que el estilo es típico de Revueltas, y plenamente consistente con otros comentarios suyos respecto a sus partituras. El texto dice así:

 

Música de chirridos, dislocada, según respetables opiniones. Con un poco de imaginación, o tal vez con mucha, romántica, según otras. De todas maneras, de un definido carácter mexicano. Música irónica, ruda, tierna, tal vez hasta un poco dolorosa (¿para los oídos?).

 

Además de que, en efecto, este texto tiene todo el estilo de Revueltas, es particularmente interesante porque, refiriéndose específicamente a Colorines, pudiera leerse como una lista de cualidades y características de toda la obra de Revueltas, ¿No es posible, acaso, hallar en sus partituras música que chirría, de fascinantes ritmos dislocados? ¿No es cierto que en la producción de Revueltas abunda el carácter mexicano, que no mexicanista, así como la ironía, la rudeza, la ternura y el dolor? Si el párrafo arriba citado no fue escrito por Revueltas, surgió entonces de la pluma de alguien que sin duda lo conocía y lo comprendía bien.

Uno de los datos más interesantes que consigna el catálogo editado por Kolb y sus colaboradores es el hecho de que la partitura de Colorines está dedicada a Mauricio Magdaleno (escritor) y Juan Bustillo Oro (cineasta). Al leer esta información, no pude resistir la curiosidad por tratar de hallar la razón para tal dedicatoria, y después de un par de visitas a los diccionarios y enciclopedias de rigor, la encontré. A Mauricio Magdaleno y a Juan Bustillo Oro los unieron dos hechos: por un lado, su activa participación en el movimiento vasconcelista de 1929, y por el otro, el haber fundado conjuntamente el grupo Teatro de Ahora. Para más señas, Teatro de Ahora fue fundado por Bustillo y Magdaleno en el año de 1932, precisamente el año en que Revueltas compuso Colorines. Es probable que con estos datos se pueda descifrar el motivo de la dedicatoria de la partitura.

 

MANUEL M. PONCE  (1882-1948)

Concierto romántico para piano y orquesta en fa sostenido menor

Decir que lo más importante y trascendente de la producción musical de Manuel M. Ponce está en sus obras para guitarra es una afirmación que la comunidad musical internacional parece corroborar. Como muestra de ello, basta consultar un catálogo discográfico internacional actualizado. En él es posible enterarse de que actualmente están en circulación no menos de sesenta discos con música de Ponce, la mayoría de ellos dedicados a su música para guitarra. En cualquier biografía de Ponce es posible leer, sin embargo, que su preferencia instrumental estaba enfocada sin duda en el piano. El gusto de Ponce por la guitarra fue adquirido de una manera un tanto azarosa, allá por el año de 1929, cuando fue a España en calidad de enviado dela Secretaríade Educación Pública a los Festivales Sinfónicos Iberoamericanos en Barcelona. Por otra parte, la carrera pianística de Ponce fue mucho más sólida y continua. A los ocho años de edad, en 1890, Ponce inició sus estudios de piano con Cipriano Ávila en Aguascalientes y en 1900, al trasladarse ala Ciudadde México, los continuó con Vicente Mañas. Desde ese tiempo, el mismo Ponce comenzó a dar clases de piano por su cuenta. En 1904 Ponce fue a dar a Europa, específicamente a Italia, donde su carrera pianística siguió su curso; ahí, su maestro fue Luigi Torchi. Un año después Ponce fue a Alemania y recibió la que quizá fue la influencia pianística más notable en su obra. Después de estudiar con Edwin Fischer, Ponce se hizo alumno de Martin Krause, quien había sido discípulo del gran pianista y compositor húngaro Franz Liszt (1811-1886). A través de Krause, el compositor mexicano asimiló algunos de los conceptos más típicos de la música romántica para piano. Es por ello, quizá, y considerando los orígenes del pensamiento musical de Liszt, que en ciertas obras pianísticas de Ponce se haga más evidente la influencia alemana que la francesa. Esto es especialmente notable en su Concierto para piano y orquesta, escrito cuando el compositor tenía 28 años de edad.

En el año de 1954 el gran escritor cubano Alejo Carpentier escribió una reseña sobre un concierto de música mexicana realizado en Caracas con motivo del Festival de Música Latinoamericana celebrado en la capital venezolana, y en esa reseña se refería a Ponce con estas palabras:

 

Lejos de mostrarse satisfecho de la celebridad alcanzada por algunas de sus melodías, Manuel M. Ponce se consagraba entonces al estudio de las tendencias más avanzadas de la música contemporánea, escribiendo a modo de ejercicio unas piezas politonales para instrumentos de cuerda. Pero para Ponce tales prácticas no eran sino juegos destinados a familiarizarlo con técnicas que quería someter a la experiencia propia. Su lirismo se conservaba intacto, si bien sus modos de expresión tendían a ponerse al día. A partir de ese momento (1928-1929) y hasta el año de 1944, Ponce nos dio lo más sólido y enjundioso de su producción, con su Concierto del sur, para guitarra, su Concierto para piano y algunas páginas menores que manifestaban, bajo un ropaje más moderno que el de sus obras de otros tiempos, una siempre fina y linajuda musicalidad.

 

El Concierto para piano de Ponce, del que tan bien se expresaba Carpentier, fue concebido originalmente a la manera tradicional, en varios movimientos: a un allegro appassionato inicial seguiría un andante amoroso, etc., pero finalmente Ponce decidió estructurar la obra en un solo movimiento continuo cuyas secciones se funden orgánicamente. El concierto, lejos de cualquier intento de aproximación al nacionalismo musical, es una obra de corte netamente romántico, y si bien uno tiende a buscar las influencias germánicas en él, las primeras páginas de la partitura remiten más al mundo sonoro de Frédéric Chopin (1810-1849) y más tarde, quizá, la obra se mueve hacia terrenos expresivos similares a los de Sergei Rajmaninov (1873-1943). El desarrollo temático y la escritura para el piano siguen modelos más o menos tradicionales, y el concierto desemboca en un final típicamente romántico. Después de una pausa general, el piano y la orquesta se alternan pasajes sólidos e intensos; surge una breve figura heroica en la trompeta y el piano hace sus últimas figuraciones virtuosísticas contra poderosos acordes de la orquesta. Desde su inicio al estilo de Chopin hasta este final netamente tradicional, el Concierto para piano de Ponce es una obra que si bien no aporta elementos nuevos a la forma ni a una expresión musical claramente mexicana, al menos es honesta y congruente en su planteamiento y su desarrollo, a diferencia del Concierto para violín de Ponce, en el que el compositor no logró conciliar del todo los diversos elementos que quiso manejar en su partitura.

El Concierto para piano y orquesta fue estrenado por el propio Ponce como solista, el 7 de julio de 1912, en el Teatro Abreu. En esa ocasión, dedicada por entero a la música de Ponce, la dirección de la orquesta estuvo a cargo de Julián Carrillo (1875-1965).

 

CLAUDE DEBUSSY (1862-1918) / Iberia, No. 2 de Imágenes para orquesta

En 1905, Claude Debussy compuso una serie de tres obras para piano a las que puso el título colectivo de Imágenes, y dos años más tarde, en 1907, creó otro tríptico pianístico, conocido como la segunda serie de Imágenes. Considerando la cantidad de obras musicales que nacieron primero como piezas para piano y que más tarde fueron transcritas para orquesta, sería fácil confundir estas Imágenes con la obra orquestal homónima. Sin embargo, en este caso la aclaración es más que pertinente en este caso: Imágenes para orquesta es una obra totalmente independiente de las piezas para piano de 1905-1907. Dicho lo cual, es el momento de abordar la complicada genealogía de esta obra sinfónica, una de las cumbres sonoras del impresionismo.

Imágenes está formada por tres piezas: Gigas, Iberia y Rondas de primavera. La primera sección de la obra en ser creada fue Iberia, y viene a complementar la larga lista de obras de corte español escritas por compositores franceses. En este caso particular, no está de más señalar que el “españolismo” de Debussy era totalmente intuitivo, ya que durante su vida realizó una sola, brevísima visita a España, que consistió en cruzar la frontera y llegar hasta San Sebastián. La composición de Iberia fue iniciada en 1906 y Debussy concluyó la pieza el 25 de diciembre de 1908. Como obra independiente, Iberia fue estrenada en febrero de 1910. De inmediato, Debussy se dio a la tarea de crear las Rondas de primavera, que fueron estrenadas en marzo de ese mismo año, 1910. Así como en Iberia la intención de Debussy es una aproximación intuitiva al sonido español, en las Rondas de primavera la alusión nacional es más directa, ya que el compositor emplea como materia prima las melodías de dos canciones folklóricas francesas: Nous n’irons plus au bois y Do, do, l’enfant do. La pieza titulada Gigas, primera de estas Imágenes, fue en realidad la última en ser compuesta por Debussy. Originalmente llevaba el título de Gigas tristes, y comenzó a ser bosquejada por el compositor en 1909, siendo estrenada hasta febrero de 1913. En estas Gigas el compositor alude a un tipo de danza rústica muy antigua, popular en Inglaterra, Irlanda y Escocia (donde es conocida como jig), que suele ser de ritmo rápido y vivaz, y está escrita en grupos rítmicos ternarios. La giga fue una de las danzas estilizadas que con el paso del tiempo llegaron a formar parte de la suite barroca. Como referencia cultural específica, Debussy utiliza en sus Gigas una melodía folklórica escocesa, de la región de Northumbria, conocida como The keel row. Todo lo dicho anteriormente deja bien claro el hecho de que estas Imágenes tienen una lógica interna muy clara, y una simetría muy interesante. En este sentido es posible decir que la obra es un tríptico folklórico, dedicado en cada una de sus partes a Escocia, España y Francia; además, se trata de un tríptico cuya parte central es otro tríptico, ya que Iberia, a su vez, está dividida en tres partes. Con respecto a esta obra, Debussy escribió lo siguiente en una carta dirigida al editor Durand:

 

Traté de hacer algo diferente, algo que pudiera ser llamado realidad, aunque algunos tontos insistan en llamarlo impresionismo. Este es un término mal aplicado, especialmente por los críticos que no dudan en aplicárselo a Turner, el máximo creador del misterio en el arte.

 

No deja de ser interesante el evidente rechazo de Debussy al término impresionismo, sobre todo teniendo en cuenta que hoy se le considera como el más importante representante del impresionismo musical. Es también llamativa la referencia que Debussy hace en su carta a Joseph William Turner (1775-1851), paisajista inglés de tendencias claramente románticas, uno de los más importantes pioneros del estudio de la luz, el color y la atmósfera. Después de todo, en la actualidad sería difícil encontrar a un crítico de arte que aplicara el calificativo de impresionista a la pintura de Turner. Pero por otro lado, ¿no es la música de Debussy una de las máximas expresiones de la luz, el color y la atmósfera? De ello no hay duda, de modo que siguiendo la línea de estas elucubraciones, alguien podría calificar a Debussy, por sus analogías con Turner, como un romántico. Pero, ¿no fue acaso el impresionismo, tanto el musical como el pictórico, un movimiento estético cuyo cimiento principal fue la reacción categórica en contra de los excesos expresivos del romanticismo? En fin, que todo este galimatías retórico no tiene otra intención que reafirmar un concepto fundamental: que en la música importan menos las etiquetas que el sonido mismo. Para finalizar, conviene ceder de nuevo la palabra a Debussy, en su comunicación epistolar con el editor Jacques Durand:

 

La música de mis Imágenes tiene esta característica: es elusiva, y por ello no puede ser manejada como una robusta sinfonía que camina en cuatro patas, o a veces en tres. Además, cada vez estoy más convencido de que la música no es, en esencia, algo que puede ser metido en una forma tradicional fija. Está hecha de colores y ritmos.

 

Así pues,  si ya lo dijo Debussy, ¿para qué intentar repetirlo con palabras menos exactas y elocuentes?

 

MAURICE RAVEL  (1875-1937) / Rapsodia española

Permítame, amable lector, hacer una digresión turístico-geográfica antes de entrar en materia musical. Allá por el otoño de 1990, gracias a una serie de afortunadas coincidencias, me hallaba en Europa, yendo y viniendo de aquí para allá en trenes de diversas nacionalidades. En París, y teniendo como destino final la capital española, me monté en un tren-no-tan-rápido para dirigirme hacia la frontera hispano-francesa. Después de una noche de trayecto bastante movido y agitado (es falso que se pueda dormir en un tren, aunque sea europeo), el tren se detuvo, al filo de la madrugada, en su última parada en Francia, muy cerca ya de la frontera con España. Recién detenido el tren abandoné mi estrecho compartimiento con el objeto de echarle un último vistazo a Francia. Al abrir la puerta del vagón vi con mis desvelados ojos, a la naciente luz del día y a escasos centímetros de mi nariz, un letrero típico de estación ferroviaria, en no muy buen estado, que decía: ST. JEAN DE LUZ-CIBOURE. Me quedé mirando el letrero con la sospecha de que algo debía recordarme ese nombre y, de pronto, llegó el chispazo de memoria y me encontré hablando solo, para sorpresa de los demás viajeros: “¡Ah, caray, si aquí es donde nació Ravel!”

Respondí a un impulso automático, y apenas tuve tiempo de esgrimir la cámara para tomar una fotografía del letrero (turista al fin y al cabo) porque segundos después el tren partió, y unos minutos más tarde estábamos en España, en la ciudad de Irún.

Sí, así de cerca nació Maurice Ravel de España, lo que explica muy bien el alto contenido de asuntos hispanos que hay en su música. Además de ser originario de la fronteriza región de los Bajos Pirineos, Ravel tenía en la sangre una interesante mezcla de nacionalidades: era suizo por parte de su padre y vasco por parte de su madre. Por ello, a nadie le extraña que este compositor tan esencialmente francés en muchos aspectos haya conservado a lo largo de su vida una clara liga creativa con España, sus ambientes y sus sonidos. Como prueba de esta cercanía con lo español, recordemos obras ravelianas como el Bolero, la Pavana para una infanta difunta, la Alborada del gracioso, Don Quijote a Dulcinea y La hora española.

Otra de sus obras de corte hispánico, la Rapsodia española, ocupa un lugar importante en el catálogo de Ravel, por una razón que bien vale la pena explicar brevemente. Por costumbre cultural, nos ha dado por meter a Ravel y a Claude Debussy (1862-1918) en un mismo paquete cuando hablamos de impresionismo musical. En efecto, Debussy es el impresionista francés por excelencia, pero muchos musicólogos y analistas sostienen que a pesar de algunos detalles superficiales que en algunas de sus partituras apuntan hacia el impresionismo, Ravel no fue un compositor impresionista. Y como suele ocurrir que la excepción confirma la regla, esos mismos musicólogos y analistas afirman también que la única obra realmente impresionista de Ravel es, precisamente, la Rapsodia española. Hasta aquí este dato, muy apto para desatar la polémica y para que los interesados se metan de nuevo en esa camisa de once varas que es el tratar de definir con claridad el impresionismo en términos musicales, a través de simples palabras.

En el año de 1895 Ravel produjo una interesante obra para dos pianos a la que puso el extraño título de Sites auriculaires. Con apenas 20 años de edad, Ravel ya estaba llamando la atención de sus contemporáneos y ya estaba dando los primeros pasos para convertirse en una figura de capital importancia en el desarrollo del lenguaje pianístico moderno. El caso es que años después, en 1907, Ravel abordó la creación de su Rapsodia española, obra planeada en cuatro movimientos: Preludio a la noche, Malagueña, Habanera y Feria. Para esta composición, Ravel escribió tres movimientos enteramente originales y retomó uno de los movimientos de Sites auriculaires, transcribiéndolo literalmente a la orquesta para obtener la Habanera de la Rapsodia española. La pieza fue estrenada por el propio Ravel al frente de la Orquesta Colonne y, como solía ocurrir en aquellos años en que al público sí le importaba (para bien o para mal) la música nueva, el estreno causó un pequeño escándalo y una serie de explosivas reacciones encontradas. Por cierto, en la orquestación original de la Rapsodia española Ravel contemplaba la inclusión de un sarrusofón, extraño y rústico instrumento que hoy en día suele sustituirse por un contrafagot. El mencionado sarrusofón, mitad aliento-madera y mitad aliento-metal, fue inventado por un director de bandas llamado Pierre-Auguste Sarrus, a quien Adolphe Sax, inventor del saxofón, demandó infructuosamente ante la ley, acusándolo de haber violado algunas patentes suyas en la construcción de su raro instrumento.

En cuanto a la Rapsodia española, es claro que la obra habita ese mundo compartido de lo francés y lo español que, en todo caso, ayudaría a una posible definición de la personalidad musical de Ravel. Si al escuchar esta Rapsodia española usted se pregunta retóricamente: ¿qué distancia hay entre el Ravel francés y el Ravel español?, yo le propongo una respuesta práctica. La distancia es la misma que, frontera de por medio, separa a Saint Jean de Luz-Ciboure de Irún. O sea, unos cuantos minutos en tren.

 

 

DATOS:

 

Festival Alfonsino 2012

Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL.

Segunda Temporada de Conciertos 2012.

Director huésped: José Luis Castillo.

Solista invitada: Guadalupe Parrondo, pianista.

Obertura “Colorines”, de Revueltas, Concierto para piano, de Ponce, Iberia, de Debussy, y Rapsodia Española, de Ravel

Jueves 31 de mayo del 2012

Hora: 19:30 horas

Lugar: Teatro Universitario 

Costo: Planta baja: $ 160/Planta alta: $ 140

Descuentos para INAPAM y estudiantes: $100 (sólo planta alta)

Boletos: http://boleticket.com/ y en las taquillas del Teatro Universitario (una hora antes de la función)

Dirección: Praga y Trieste s/n. Colonia Residencial Las Torres. Campus Mederos UANL.

Monterrey, Nuevo León.

Informes: 11000 330

 

 

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Comentarios previos al concierto

Jueves, 19:00 horas / Vestíbulo del Teatro Universitario / Por: Ricardo Marcos, crítico musical

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‘Nuestra Orquesta’ en radio

 

Miércoles, 16:30 a 18:00 horas

Opus 102 FM y Radio UANL 89.7

El programa de la Orquesta Sinfónica UANL

Noticias, entrevistas, próximos conciertos, boletos gratuitos

Conduce: Jorge Orozco / Producción: Sophia Rivdi

Viernes, 19:00 h

Opus 102 FM / Transmisión del concierto semanal

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OSUANL en vivo por televisión

Jueves, 19:30 h / Canal 53 TV UANL / Siga todos nuestros conciertos en vivo

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Informes: 83497621 y 22 / info@osuanl.com

www.osuanl.com

www.facebook.com/ Orquesta Sinfónica de la UANL


 

 

Eventos, Festival Alfonsino 2012, Teatro Universitario UANL

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