Programa IV, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la UANL

Oct 25, 2011 Comentarios desactivados en Programa IV, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la UANL by

 

Programa IV, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, dentro de su Tercera Temporada, con su director artístico Jesús Medina, y la soprano invitada Lourdes Ambriz; en el cual se interpretarán las piezas Sinfonietta, de Moncayo; Canciones para soprano y orquesta, de Revueltas; Calaveras, de Toussaint; y Pacífico, de Angulo.

 

 

PROGRAMA IV

 

27 de octubre / Teatro Universitario / 19:30 h

 

Sinfonietta                                                                                                              Moncayo

Canciones para soprano y orquesta                                                                                                   Revueltas

Cinco canciones para niños y dos canciones profanas

 

Caballito 

 Las cinco horas   

Canción tonta 

El lagarto y la lagarta

Canción de cuna 

Serenata

Es verdad

 

Dúo para pato y canario

 

Canto de una muchacha negra

 

Caminando

INTERMEDIO

Calaveras*                                                                                                                  Toussaint

Pacífico                                                                                                                            Angulo

 

Director artístico: Jesús Medina

Solista: Lourdes Ambriz, soprano

 

* Ejecución en memoria del autor.

 

Jesús Medina, director artístico / El público y las orquestas de varios países del mundo han sido testigos de la carrera de este talentoso director mexicano.

A partir de enero de 2010, es el nuevo Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de la UANL, en Monterrey, N.L.; además, es fundador y Director Artístico de Milenium Sinfonietta desde Septiembre de 2008 hasta la fecha. De Junio del 2002 a Diciembre de 2010 fue Director Artístico de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ha sido Director de otras importantes instituciones musicales, como la Filarmónica de la UNAM,  la Filarmónica de Querétaro y de la misma OSUANL, en el período 1986-89.

Se ha presentado en Estados Unidos, Singapur, Francia, España, Italia, Turquía, Serbia, República Checa, Venezuela, Brasil, Colombia, Centroamérica y México. Futuros conciertos incluyen presentaciones en Italia, Argentina, Portugal, Austria, Serbia, España, Colombia e Israel.

Itzhak Perlman, Joaquín Achúcarro, Alexander Markov, Angel Romero, Horacio Gutiérrez, Elmar Oliveira, Jens Lindemann, Pierre Amoyal, Nathaniel Rosen, Mark Peskanov, Konstanty Kulka, Gyorgy Sandor, Pascal Devoyon, Fernando de la Mora, Trío Schubert de Viena, Nikita Storoyev, son algunos de los más importantes solistas, que han actuado bajo su batuta.

Su gran versatilidad lo ha llevado a dirigir además de música sinfónica, música de cámara, ópera y ballet. Ha dirigido las óperas Lucia de Lamermoor de Donizzetti, La Italiana en Argel y La Cenicienta de Rossini en el Palacio de Bellas Artes y también ha sido director concertador de un gran número de ballets con la Compañía Nacional de Danza, como Carmen, Carmina Burana, Oneguin, Romeo y Julieta, Don Quijote, Raymonda, Coppelia, Giselle, La Bayadera y El Cascanueces, y zarzuelas como La Revoltosa.

Ha participado en los principales festivales de México, como el Festival Cervantino, el Festival Internacional de Tamaulipas, el Festival del Centro Histórico de la Cd. de México, el Festival de Sinaloa, el Foro de Música Nueva, el Festival de Orquestas de la Sala Nezahualcóyotl, el Festival Internacional de Arpas, etc..

Ha estrenado muchas obras de compositores mexicanos, como Angulo, Córdoba, Toussaint, Márquez, y varios estrenos nacionales como el Dies Irae de Penderecki y el Beatus Vir de Gorecki.

En 1991, la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música, le otorgó su reconocimiento por ser el mejor Director del Año, y en 2004, recibió el premio “GAVIOTA”, de la Asociación Latinoamericana de Cronistas.

Realizó sus estudios de Dirección de Orquesta en The Pierre Monteux School en los Estados Unidos, bajo la guía de Charles Bruck.                                Web page: www.chuymedina.com

 

Algunas críticas de la prensa:

 

“ …Jesús Medina es uno de esos pocos músicos que no sólo posee un impecable buen
gusto por la música, sino que también puede hacer que una orquesta comunique toda la expresión que en ella se encuentra. … su habilidad para mantener la orquesta ajustada en los raros e intricados patrones rítmicos, fue impresionante… En las manos de Medina, cada frase tiene su propio carácter. Es un músico que posee poderes comunicativos tan fuertes y únicos, que es muy fácil predecirle una brillante carrera”.      BUSINESS TIMES, SINGAPUR.

“Un “show” de batuta … Ágil, expresivo, dinámico, espectacular en una palabra, Jesús Medina, como director huésped se llevó la noche…”     EL INFORMADOR, GUADALAJARA.

 

Lourdes Ambriz, soprano / La soprano Lourdes Ambriz ha sido solista de las más importantes orquestas mexicanas, además de agrupaciones como las sinfónicas de Dallas, San Francisco, Centro Nacional de las Artes de Canadá, Orquesta de Cámara de Saint Paul, Simón Bolívar de Venezuela, Deutsche Kammerakademie, Opera de Praga, Ensamble Elyma y el Cuarteto Arditti.

Su actividad la ha llevado a alternar con renombrados directores como Eduardo Mata, Charles Bruck, Eve Queler, Johannes Goritzky, Enrique Ricci, Miguel Roa, Marko Letonja, Zoltan Rosznayi, Kurt Klippstatter, Piero Belugi, Gabriel Garrido, Enrique Patrón, Fernando Lozano, Enrique Bátiz, Francisco Savín, José Luis Castillo y Enrique Diemecke, entre otros.

Desde sus inicios alternó con reconocidos cantantes como Guillermo Sarabia y Ramón Vargas en “Falstaff”, Fernando de la Mora en “Romeo et Juliette”, Francisco Araiza en “Die Zauberflöte”,“Idomeneo” y “Carmen”, Justino Díaz en “Don Giovanni” y Rolando Villazón en “Boheme”. En 1999 cantó el papel de Olga en “Fedora” con Plácido Domingo.

La crítica especializada aplaudió su actuación como “Marina” en Málaga, España. Participó en importantes festivales en Brasilia, Istambul, Atenas, San Antonio, la Moselle en Francia, y el Festival Europalia en Bruselas. En 2008 creó junto con la mezzo-soprano Verónica Alexanderson el espectáculo “Operaérea” en el que además de cantar, ambas realizan rutinas de ballet aéreo suspendidas en las alturas bajo la dirección escénica de César Piña.

Durante el 2010 participó en la producción de la ópera “Montezuma” de Graun presentada por la compañía Teatro de Ciertos Habitantes en el Festival Theater der Welt en Mülheim, Festival de Edimburgo, Festival Cervantino, Centro Cultural Kampnagel en Hamburgo y Teatro del Canal en Madrid.

Además de la ópera, Lourdes Ambriz también ha actuado en comedias musicales como “Violinista en el Tejado” al lado de Manolo Fábregas.

Colaboró con el grupo Ars Nova a lo largo de cuatro discos y numerosas giras por Europa, América, el norte de África y el Medio Oriente. Actualmente forma parte del cuarteto vocal Armonicus Cuatro, del ensamble barroco La Déxima Musa, del cuarteto femenino Streghe y del trío Chordae Gentile.

Ha interpretado asiduamente música contemporánea, lo que la ha llevado a estrenar y grabar un gran número de obras de compositores activos como Mario Lavista, Víctor Rasgado, Hilda Paredes y Paul Barrer, entre muchos otros.

Recibió premios especiales en el concurso “Carlo Morelli”, ganó el Premio Nacional de la Juventud y en dos ocasiones el Premio de la Unión de Cronistas de Música y Teatro. En el año 2006 fue distinguida con la Medalla Mozart otorgada por la Embajada de Austria en México.

Entre su amplia discografía destacan las óperas “Aura” de Lavista, “The Visitors” de Chávez, “Montezuma” de Graun, “El Coyote y el Conejo” de Rasgado, el disco “Canciones Arcaicas” con Alberto Cruzprieto y grabaciones de música de Rolón, Nietzsche y Revueltas.

En 2009 realizó el novedoso CD “Cuerpo del verano” con música original para soprano y contrabajo de diversos autores en colaboración con el contrabajista Luis Antonio Rojas, gracias al programa de Proyectos y Coinversiones del FONCA y Quindecim Recordings.

 

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Comentarios a las obras / Por: Juan Arturo Brennan, crítico musical

 

JOSÉ PABLO MONCAYO (1912-1958) / Sinfonietta

¡Extra! ¡Extra! ¡Entérese sin tener la vista fija! ¡Noticia de no tan última hora! José Pablo Moncayo, compositor jalisciense nacido en Guadalajara y muerto en la ciudad de México, sí compuso más música que el ubicuo y famosísimo Huapango. Ahora usted podrá decir que lo leyó aquí antes que en ninguna otra parte. Para muestra de que Moncayo no es sólo el Huapango, va una incompleta relación de algunas de sus otras músicas:

 

Amatzinac, para flauta y cuerdas

Hueyapan

Cumbres

Llano alegre

Muros verdes, para piano

– Sinfonía

– Sonatina para violín

– Sonatina para violín y piano

– Romanza para violín, violoncello y piano

– Sonata para violín y violoncello

La mulata de Córdoba, ópera

Tierra de temporal

Homenaje a Cervantes

– Tres piezas para orquesta

 

Después de este breve e incompleto recuento, se impone la pregunta: ¿cómo es posible que cedamos con tanta frecuencia a la tentación de enloquecer con el Huapango y nunca nos preocupemos por el resto de la producción de Moncayo? ¿Será el triste destino de este compositor pasar a la historia como uno de tantos músicos de una sola obra?

La posibilidad de situar a Moncayo en el centro mismo del pensamiento musical nacionalista queda más allá de toda duda. A su propia vocación por lo nacional hay que añadir, de modo importante, su contacto académico con Carlos Chávez y Candelario Huízar. Más tarde, Moncayo une sus esfuerzos musicales a los de Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala para formar el notorio Grupo de los Cuatro, cuyo guía espiritual fue Carlos Chávez. En el caso de Moncayo, la relación con Chávez fue más allá de lo académico: durante más de una década, a partir de 1932, Moncayo estuvo asociado con el trabajo de la Orquesta Sinfónica de México. Primero, como pianista y percusionista; después como subdirector del conjunto; finalmente, como su director artístico. Fue precisamente para una de las temporadas de la Orquesta Sinfónica de México que Moncayo escribió su Sinfonietta, terminando la partitura el 3 de julio de 1945, con el estreno previsto para el día 13 del mismo mes. Paréntesis retórico: ¿cuántos de los buenos compositores mexicanos de hoy tienen la fortuna de que sus obras sean estrenadas diez días después de terminadas? A veces pasan diez años…

Para volver a Moncayo después de esta digresión, se impone un rápido vistazo a los programas de la Orquesta Sinfónica de México a mediados de la década de los 1940s. Ahí es posible encontrar el programa de mano correspondiente al programa número 9 de la temporada número 18 de la orquesta. La fecha, 13 de julio de 1945. El lugar, el Teatro de Bellas Artes, donde la orquesta estrena la Sinfonietta bajo la dirección del compositor. El resto del programa, típico de aquellos tiempos: la Sarabanda de La hija de Cólquide de Carlos Chávez; Pedro y el lobo de Prokofiev; las Cinco piezas Op. 10 de Schoenberg; y El pájaro de fuego de Stravinski. Y si de hacer un poco de historia se trata, bien vale la pena recordar aquí que por aquella época la Sinfónica de México estaba llena de personajes importantes de nuestra música. El titular era Chávez; el subdirector era Moncayo; el director ayudante, Blas Galindo. Y al interior de la orquesta era posible hallar a Armando Lavalle en la sección de violas y a Candelario Huízar como bibliotecario.

El caso es que esa noche de julio de 1945 se estrenó la Sinfonietta de Moncayo, obra que no dejó de causar cierta sorpresa entre el público y entre algunos músicos. Cuatro años antes se había estrenado el Huapango con un éxito rotundo e imperecedero, por lo que el público esperaba de la Sinfonietta otra colección de tonadas fáciles y pegajosas. En cambio, Moncayo propuso en esta obra un discurso musical menos folklórico y más universal. Mexicano, sí, pero no necesariamente mexicanista. Uno de los elementos sorpresivos de la Sinfonietta está en el principio mismo de la obra, y fue bien señalado por Francisco Agea en sus notas al programa del estreno: un inicio sincopado que recuerda la música popular de los Estados Unidos. ¡Nada más eso faltaba, que este ilustre huapanguero se convirtiera en un adorador del ragtime! El público, sin embargo, no se molestó en absoluto; se concretó a sorprenderse y luego a aplaudir con respeto la pieza de Moncayo, quizá con cierta decepción al no hallar en esta obra un ámbito sonoro similar al del Huapango. Como su nombre lo indica, una Sinfonietta es una sinfonía chica, no muy grande, planeada según los parámetros del quehacer sinfónico (léase forma sonata) pero en una dimensión menor. La de Moncayo, por ejemplo, se desarrolla en tres movimientos ininterrumpidos (allegro-lento-allegro), donde el tercero es una reexposición del primero. Y como no faltará algún despistado que insista en que una Sinfonietta es un concepto musical de origen italiano, vale la pena aclarar esto: lo único que de italiano tiene la Sinfonietta como forma musical es el nombre. Es bien sabido que a pesar de muchas otras riquezas musicales indiscutibles, en Italia nunca se dio el sinfonismo con la generosidad que surgió en otras latitudes. Así, parece que el primero en utilizar el término Sinfonietta para una obra musical fue Nikolai Rimski-Korsakov, en 1880. Después de él, muchos otros compositores se han amparado bajo la forma de la Sinfonietta: Reger, Prokofiev, Janácek, Weingartner, Britten, Piston, Poulenc, Hindemith, Krenek, Berkeley, Milhaud, Martinu, Novacek, etc.

Así pues, con la audición de esta Sinfonietta mexicana, hoy quedará usted plenamente convencido de que Moncayo sí compuso algunas otras músicas que bien vale la pena escuchar, además del sabroso Huapango, y de que no toda su música se presta tan idealmente a la emoción patriótica y el aplauso fácil.

 

SILVESTRE REVUELTAS (1899-1940) / Canciones para soprano y orquesta

Si alguna vez se nos ocurriera ponderar los cómos y los por qués del posible conocimiento (o desconocimiento) que la gente tiene de los compositores mexicanos y su música, es seguro que tarde o temprano nuestra atención debería dirigirse hacia aquellos que han estado encargados oficialmente de la educación musical en este país. Para muestra, es lógico hacer una referencia al compositor que nos ocupa en esta ocasión, Silvestre Revueltas. Allá por 1964 se editó en México un libro de texto dedicado a la enseñanza musical de los alumnos de las escuelas secundarias; el texto en cuestión aún era rigurosamente obligatorio hasta finales de los 1970s. A la luz de la importancia de Revueltas en el panorama musical nacional, ¿qué podría esperarse de un texto educativo mexicano respecto a su información sobre la figura y la obra del compositor? Sin duda, mucho más que lo que ofrece; toda la información contenida en dicho texto sobre Revueltas se limita al siguiente párrafo:

“Su obra refleja el sentimiento del pueblo mexicano con riqueza melódica y un realismo al estilo de Mussorgski.”

Después se citan ocho de sus obras y se acabó. Es indudable que esta clase de esquematización contribuye, entre otras cosas, al desconocimiento profundo que en México hay sobre la música mexicana. Sobra decir que el mencionado libro de texto contaba con la aprobación de rigor de las autoridades educativas correspondientes. Así, no sorprende que si algún melómano está enterado de la existencia de Revueltas y su música, su conocimiento no vaya más allá de Redes, La noche de los mayas y Sensemayá. Sin duda, la figura y la obra de Revueltas merecen una atención mucho mayor y más profunda.

Las Cinco canciones para niños de Silvestre Revueltas suelen ser interpretadas frecuentemente junto con las conocidas como Dos canciones profanas. De estas siete canciones, cinco están basadas en textos de Federico García Lorca (1899-1936). (El caballito es un texto de A. De Trueba, y Las cinco horas está basada en un texto anónimo) Para intentar una breve aproximación a la síntesis de la música de uno con la poesía del otro, sería prudente comenzar con dos referencias. Por una parte, el hecho de que la admiración que Revueltas sentía por García Lorca está bien establecida no sólo en estas canciones, sino también, y quizá de manera más sólida, en la obra sinfónica Homenaje a Federico García Lorca (1936). Por otra parte, la existencia del evidente bagaje musical del poeta granadino, presente en sus estudios musicales teóricos, su absorción de la influencia de Manuel de Falla y en su colaboración con el propio Falla y con Zuloaga en la Fiesta del cante jondo, singular monumento al espíritu flamenco, obra vital del arte popular andaluz. A partir de estas referencias, es posible extraer de diversos textos biográficos y analíticos algunas palabras clave relacionadas con Revueltas y con García Lorca. En cuanto a Revueltas: alegría desbordante, tristeza del pobre, ironía, sátira del desvalido, menosprecio a la vida, arte popular, bonhomía, nacionalismo, imperfección técnica, audacia, modernismo. En cuanto a García Lorca: poemas de muerte, contemplación, miniaturismo, culto a la canción infantil, expresionismo, hipersensibilidad, surrealismo. Más allá de los puntos de contacto obvios que pueden hallarse en estas breves referencias, la síntesis más completa de estos elementos se deja a la curiosidad del lector interesado en Revueltas, en García Lorca o en ambos. No está de más señalar el hecho de que existen ya varias grabaciones de las Trece canciones españolas antiguas de Federico García Lorca, que bien podrían servir de apoyo a cualquier intento de profundización en este asunto.

Revueltas escribió las siete canciones mencionadas en 1938, durante una estancia suya en Morelia, en versión original para voz y piano. Más tarde, a partir del éxito inicial de las canciones, el propio compositor realizó la versión para voz y orquesta.

 

La versión original de Dúo para pato y canario, sobre un texto de Carlos Barrera, data de 1931. La partitura está dedicada a Lupe. M. de Ortega.

 

De 1938 es el Canto de una muchacha negra (mezzosoprano y piano), basado en un texto de Langston Hughes. El compositor dedicó esta pequeña obra a la cantante Sonia Verbitzky, quien se encargó de estrenarla.

 

Para la canción Caminando (1937), Revueltas acudió a la poesía del cubano Nicolás Guillén, cuyo Sensemayá habría de inspirarle poco después su formidable obra sinfónica del mismo título. Caminando fue concebida originalmente para voces (soprano y contralto o soprano y tenor) y conjunto instrumental. La canción está dedicada a Guillén.

 

EUGENIO TOUSSAINT (1954-2011) / Calaveras

Del diccionario más cercano:

Calavera f. (del latín, calvaria, cráneo). Cráneo, cabeza de muerto. (SINÓN. V. Cráneo). Mariposa que lleva en el dorso manchas que semejan una calavera. M. Fig. Hombre sin juicio o vicioso: ser un calavera. (SINÓN. V. Vicioso.)

Y como es bien sabido que los diccionarios son asuntos muy serios, solemnes e incompletos, me permito añadir algunas definiciones que a Monsieur Larousse no se le han ocurrido.

1.- Calavera. Donativo o regalo que los niños suelen pedir en las fechas cercanas al Día de Muertos, con la expresión ¿No me da mi calavera? (Tradicionalmente se obsequian dulces, pero hoy en día, el efectivo contante y sonante es más apreciado).

2.- Calavera. Verso rimado, generalmente de dos a cuatro cuartetas, que en esas mismas fechas se dedica a todo tipo de personajes públicos, usualmente con intenciones de escarnio y ridículo. (Tal escarnio y ridículo es, casi siempre, más que merecido.) Entre los destinatarios más comunes de las calaveras rimadas se encuentran, por ejemplo, los políticos especialistas en hacer gestos obscenos.

3.- Calavera. Imagen de un cráneo pelado que, acompañado por dos huesos cruzados en su parte inferior (algunos especialistas dicen que son tibias o peronés, mientras que otros afirman que son radios o cúbitos) se usa como símbolo de la piratería o del veneno. Muy socorrido en las caricaturas.

4.- Calavera. Osamenta más o menos incompleta, que suele aparecer de manera sospechosa en el subsuelo de algunos jardines mexicanos propiedad de personajes ilustres. La identidad de tales osamentas suele ser motivo de controversia.

5.- Calaveras. Composición musical de Eugenio Toussaint cuya génesis e historia paso a narrar en seguida.

 

Hace algunos años, en el marco de un festival de música contemporánea realizado en el Museo Rufino Tamayo, el grupo Atril 5, con la ayuda de algunos músicos invitados, interpretó las Variaciones concertantes (una entre varias obras suyas que llevan nombres análogos a piezas de Alberto Ginastera, (1916-1983) de Eugenio Toussaint. Entre los asistentes al concierto en cuestión se encontraban Manuel Enríquez (1926-1994), compositor, y Luis Herrera de la Fuente, director de orquesta. Ambos personajes manifestaron su gusto y aprobación por la pieza de Toussaint, y el director de orquesta expresó su deseo de encargar una obra sinfónica al compositor. Después de cierto tiempo y algunas peripecias, el encargo se materializó, teniendo como destinataria a la Orquesta Sinfónica de Minería. Una vez recibido el encargo, Toussaint retomó una idea que desde tiempo atrás resonaba en su calavera: escribir una partitura que estuviera protagonizada, en el plano conceptual, por esqueletos. Guiaron sus pasos en esta empresa, como es de suponerse, las calaveras de José Guadalupe Posada, que son muy divertidas, y de modo más general, las calaveras de México, que como todos sabemos, son muchas. No fue coincidencia, tampoco, el recuerdo cercano y personal que Toussaint tiene del Día de Muertos. ¿Cuánta gente conoce usted que haya iniciado su noviazgo definitivo y duradero precisamente ese día? Con toda esta imaginería tan presente, Toussaint concibió lo que de hecho es, o debería ser, un ballet para marionetas. De la imaginación del compositor surge esta línea argumental básica:

Suenan las doce campanadas de la medianoche. El telón que se levanta deja ver un escenario sembrado de huesos que, al conjuro de la música, comienzan a animarse, a moverse, a acomodarse, a aglutinarse, a formar calaveras. Con la tuba y el piccolo se materializa un sencillo homenaje a Silvestre Revueltas (1899-1940), ilustre calaca musical. Un solo de xilófono acompaña los huesudos pasos de una calavera central, protagónica, y propone los temas principales de la obra. Alrededor de esa calavera central surgen otros personajes; por ejemplo, la Catrina, acompañada por arpa y clarinete. Viene después un corte brusco en la música, que da paso a un aquelarre desenfrenado, no apto para menores de edad. El frenesí musical va subiendo de intensidad a medida que aumenta el desorden de huesos y cráneos, hasta alcanzar un gran tumulto orquestal. Como suele ocurrir en este tipo de reventones, el tiempo le queda corto a la fiesta, y al sonar las campanadas del amanecer los esqueletos van cayendo inanimados; de la tumultuosa pachanga quedan sólo unos cuantos huesos que se mueven con breves espasmos. Un final corto y brillante despide la plácida escena, que es semejante a la del inicio: el escenario sembrado de huesos inertes, de calaveras inmóviles.

Respecto a la música de sus Calaveras, Eugenio Toussaint comenta que uno de sus logros en esta obra fue buscar y encontrar la manera de construir lógicamente una gran masa de sonido orquestal. Por otra parte, conociendo de antemano a la orquesta que habría de estrenar estas Calaveras, escribió algunos solos instrumentales importantes con dedicatoria específica a músicos de gran calibre: de tuba para Dwight Sullinger, de arpa para Mercedes Gómez, de corno para Jon Gustely, de xilófono para Gabriela Jiménez, de piano para Duane Cochran, de percusiones para la rotunda y muy saludable osamenta de Antero Chávez. En cuanto a la materia musical misma, Toussaint ha asumido cabalmente (como siempre lo hace) su raíz jazzística y ha incluido en la obra algunas reminiscencias temáticas y rítmicas de su grupo favorito de jazz: Weather Report. Hay, además, un trabajo sólido y unitario de desarrollo de temas, de permutación y transformación de ideas. Estas cualidades, aunadas a la posible presencia (de nuevo) de la calavera musical de Alberto Ginastera, hacen de estas Calaveras una irresistible invitación a la danza, que algunos coreógrafos y bailarines mexicanos han explorado tentativamente. De manera más específica, a través de sus Calaveras y la del gran coreógrafo Guillermo Arriaga, el compositor entra en contacto con Michael Uthoff, director del Ballet de Arizona, quien le propone crear la partitura para un ballet sobre el Día de Muertos. Tal ballet, Días de los muertos, es compuesto durante 1997 y se estrena el 29 de octubre de ese año en la ciudad de Phoenix.

Por su parte, Calaveras fue estrenada el 19 de agosto de 1995 en la Sala Netzahualcóyotl con la Orquesta Sinfónica de Minería dirigida por Luis Herrera de la Fuente, a quien la partitura está dedicada. En este auspicioso estreno, la obra de Toussaint estuvo acompañada por los ilustres esqueletos de Ludwig van Beethoven (1770-1827) y Franz Schubert (1797-1828).

 

EDUARDO ANGULO  (1954) / Pacífico

Como en nuestro primer encuentro en el mismo sitio, el retrato de Bela Bartók nos mira con benevolencia desde la pared del estudio. En este tercer encuentro, le pregunto a Eduardo Angulo sobre su obra orquestal Pacífico, y él me cuenta una breve historia.

En noviembre de 1989, en la ciudad alemana de Erlangen, nace un niño: es Pablo Angulo, hijo del pianista mexicano Emilio Angulo, hermano del compositor. Pocos días después de este nacimiento, la Orquesta Filarmónica de la UNAM hace  a Eduardo Angulo el encargo de una obra sinfónica, y la conjunción de ambos hechos da como resultado la partitura de Pacífico. Pablo ha nacido bajo el signo de Escorpión, que es signo de agua, y el Océano Pacífico (que de pacífico no tiene nada) es la gran presencia de agua sobre este mundo que habitamos. Sobre el nacimiento, el agua, el homenaje y la música, Eduardo Angulo ha escrito un texto que no sólo me aclara muchas cosas sino que me ahorra el ser un mal traductor de sus conceptos. El texto del compositor dice así:

“Esta obra no constituye una descripción sonora del océano ni pretende ser un retrato de su inmensidad y fuerza; es una impresión subjetiva de los sentimientos evocados y, más que nada, la celebración de la llegada al mundo de un nuevo ser a quien se ama desde antes de su nacimiento. Además de una anticipación del mar, el inicio expresa la expectativa provocada por alguien a quien todavía no se conoce. Se ve algo que todavía no es el mar, tal vez una gaviota que atraviesa un cielo límpido y desciende poco a poco guiando nuestra mirada hasta la imponente presencia oceánica, quieta y contenida, pero que nos hace presentir su inmensa fuerza. El mar se retira, un receso que prepara el desencadenamiento de un golpe súbito donde los metales evocan fanfarrias medievales que anuncian la nuevo ser. El océano recobra la calma y se manifiesta la placidez del recién llegado. Sobreviene un nuevo encrespamiento que desemboca en una reconciliación: el estado más contemplativo del mar. Pareciera una inmersión precipitada en el gozo de la existencia y luego la emergencia gradual hasta flotar sobre la tranquila superficie. En el segundo receso callan los instrumentos a excepción de las maderas, que entonan un canto de carácter casi religioso; este coral es una reminiscencia lúdica del momento de la tarde en que los rayos oblicuos del sol despiertan la iridiscencia de la superficie marina. Se retoma el pulso del océano en un crescendo donde resuenan fanfarrias que conducen a un tutti orquestal a través del cual el océano hace gala de su fuerza, pero sin agresividad, pues ante todo es, como su nombre lo indica, pacífico. La obra fue un encargo de la Filarmónica de la UNAM y, dada la brevedad estipulada, se concibió como soneto orquestal. Las maderas y los metales desempeñan un papel protagónico en la exposición de los temas, en tanto que las cuerdas intervienen como basamento sonoro, una especie de ostinato que evoca al océano de apariencia inmóvil dentro de su eterno movimiento. La trama armónica está prácticamente libre de disonancias y las líneas melódicas son compactas; por consiguiente, la emoción provocada no se expresa mediante la evolución melódica sino a través de la variación dinámica y la secuencia armónica. El propósito de esta obra es la transparencia, la expresión deliberadamente directa y accesible, sin recurrir a elementos gratuitamente complejos que pudieran empañar la comunicación sonora. La actual música de concierto peca de elitista al utilizar un lenguaje críptico, solo para los entendidos, pues se necesita un cúmulo de conocimientos especializados para poder disfrutar la experiencia auditiva. Este soneto orquestal busca primordialmente comunicarse con el oyente no a través de ese tipo de recursos, sino mediante el lenguaje emotivo más primigenio y directo: la música.”

La partitura de Pacífico fue terminada en la primavera de 1990 y está dedicada a Pablo Angulo. Al terminar esta obra y preparar su estreno, Eduardo Angulo prepara también el estreno (en el marco del Festival Internacional Cervantino de 1990) de su obra Páginas en bronce para dos guitarras, a cargo del dúo Ad Libitum. El compositor espera también las condiciones necesarias para el estreno de su Concierto para clavecín y orquesta, que data de 1987. Y cuando me marcho, dejando atrás la líquida mirada del retrato de Bela Bartók, Eduardo Angulo retorna al piano para continuar la composición de su Concierto para viola y orquesta, que escribe para el violista Bogdan Zawistowski.

Pacífico fue estrenado el 8 de diciembre de 1990 por la Orquesta Filarmónica de la UNAM, dirigida por Jesús Medina, en la Sala Netzahualcóyotl. Siete años más tarde, la obra fue grabada en una excelente producción discográfica alemana por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia.

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Comentarios previos al concierto

Jueves, 19:00 h / Vestíbulo del Teatro Universitario / Por: Juan Arturo Brennan, crítico musical

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LOCALIDADES:

$160 planta baja / $140 planta alta

Estudiantes, maestros e INAPAM: $100 [sólo planta alta]

Venta de boletos: Ticketmaster y Taquillas del Teatro Universitario

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OSUANL en vivo por radio y televisión

Jueves, 19:30 h

Opus 102 FM – Canal 53 TV UANL

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‘Nuestra Orquesta’ en radio

El programa de la Orquesta Sinfónica UANL – Miércoles, de 16:30 a 18:00 h / Opus 102 FM

Entrevistas, conciertos, boletos gratuitos – Conducen: Josefina Benavides y Jorge Orozco

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Informes: 83497621 y 22 / info@osuanl.com / www.osuanl.com / Facebook: Orquesta Sinfónica de la UANL

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 [Mario Núñez / Comunicación y Prensa / OSUANL / 81 1265 3349 / nunezmario@hotmail.com]

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DATOS:

 

Concierto de la Orquesta Sinfónica de la UANL.

Tercera Temporada.

Programa IV.

Jesús Medina, director artístico.

Lourdes Ambriz, soprano.

Sinfonietta, de Moncayo; 

Canciones para soprano y orquesta, de Revueltas; 

Calaveras, de Toussaint;

Pacífico, de Angulo. 

Jueves 27 de octubre del 2011, 19:30 horas
Lugar: Teatro Universitario.
Dirección: Praga y Trieste s/n, Fraccionamiento Las Torres.
Unidad Mederos de la UANL. Monterrey, Nuevo León.
Localidades Planta baja: $160 / Planta alta: $140. Descuentos para INAPAM y estudiantes: $100 [sólo planta alta].
Venta de boletos: Taquilla y Ticket Master
www.ticketmaster.com
Oficinas OSUANL [Unidad Mederos / 8:00-15:00 horas, lunes a viernes]
Abonos disponibles e informes: 8349 77621 y 22/
info@osuanl.com

 

 

Eventos, Teatro Universitario UANL

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